





Cuando decimos ‘minimal’, parece que ya no decimos nada. Hace tiempo que esta palabra ingresó cadáver en el quirófano de la jerga musical, y ningún intento de reanimarla ha surtido efecto: su significado es más hueco que el de ‘música alternativa’. Es un termino que sirve para todo, y por tanto no sirve para mucho, esto pese a haber sido usado con relativa propiedad en el arranque de su fama: en efecto, hubo un momento –años 2003 ó 2004, pongamos– en que el techno que subía con más fuerza e ingenio renunciaba a la velocidad, el recargamiento, insistía en la repetición sutil y, sobre todo, se nutría de minúsculos sonidos digitales. El problema en un principio quizá fuera no recurrir a la etimología de lo ‘micro’ –o sea, lo pequeño, lo subsónico– antes que a lo de lo ‘minimalista’ –repetitivo, pocos elementos–. En un principio sabíamos lo que queríamos decir, pero el verdadero minimalismo en el techno hace ya que yace sepultado entre toneladas de inanidad supuestamente house, supuestamente algo. Cada vez hay más paja envolviendo este grano, y uno ya se ha cansado de perder el tiempo escrutando y, lo que también es importante, intentando divulgar el verdadero significado de la cosa.
Toda esta introducción tiene mucho que ver con “The Grandfather Paradox. An Imprudent Journey Through 50 Years of Minimalistic Music”(BBE, 2009), el disco de sesión en el que la troupe Innervisions –Henrik Schwarz, Âme, Dixon– mete la cuchara en la escena del minimal con intenciones, por lo que se ve, didácticas y clarificadoras. Fue Kristian Beyer de Âme, hace ya un par de años, el que pronosticó que el fin del minimalismo, como el del milenarismo, iba a llegar. Y sí, está llegando en agonía lenta, y desde wl sello disquero Innervisions se ha hecho bien en apostar por una vía diferente, enraizada en el deep house y el techno clásico, pero lo que está claro es que el vuelco no vendrá de sus oficinas. El álbum comienza por donde debe con el tercer movimiento de “Electric Counterpoint” (Steve Reich), con esa guitarra de Pat Metheny que samplearon The Orb en “Little Fluffy Clouds”, el primer segmento de minimalismo americano que recontextualizó la generación rave británica–, y la placa se tuerce acto seguido por caminos caprichosos. Un disco absorvente y recomendable, de hecho es un lanzamiento importante para la música de baile en este comienzo de 2009: pocos discos de DJ habrá con tanta calidad en la selección y gusto en la mezcla como este “The Grandfather Paradox” –título tomado, por cierto, de una de las paradojas clásicas de la física que estudia la posibilidad del viaje en el tiempo, que en la cultura pop ha sido referida con total acierto en la saga fílmica “Regreso al futuro”–; quizás el problema del disco es que no pareciera ilustrar sobre minimalismo y su significado: ¿es realmente el french house de I:Cube minimalismo? ¿Lo es el soul detroitiano de Green Pickles con la voz de Marcellus Pittmann? ¿Y el intelligent techno de Metamatics? ¿Por qué no hay elementos de Manuel Göttsching, o de Philip Glass, o esos edits del prodigioso grupo krautrock Can que tan bien le salen a Pilooski? Por supuesto, el tema de la selección es personal y abierto –si hablamos de minimalismo entendido como música en la que entran en juego los mínimos elementos y la repetición ingeniosa de los mismos para crear un efecto de creatividad máxima, el material es inabarcable–, pero la intención didáctica del mix naufraga. Si pretendían esclarecerle a los jóvenes clubbers el significado de la palabra de la discordia, dudamos que lo logren. En cambio, ofrecen un disco fluvial, exquisito, sin relleno, aunque sea parcialmente minimalista. Quédese cada uno con lo que prefiera, con la ética –lo primero– o la estética –lo segundo–. En caso de optar por lo primero, rápidamente deberemos recomendarle la reedición de “Studio Eins” (Studio 1, 2009), el CD en el que Wolfgang Voigt recopiló algunos de sus tracks de esquemático, escueto e insistente techno made in Colonia planchados originalmente entre 1995 y 1997, una de las vértebras esenciales de la columna del techno reduccionista junto con los maxis de Robert Hood, Jeff Mills, Basic Channel, Daniel Bell y Richie Hawtin. La cuota de historia y memoria del mes quedaría saldada sólo con esto.
Ame, Dixon y Henrik Schwarz comentaron sobre el disco que “cuando empezamos a pensar sobre la recopilación, teníamos en mente la idea de juntar una gran selección de minimal techno con material de principio de los 90, material que nos inspiró, como Robert Hood, Dan Bell, Plastikman, Pansonic, Mike Ink…Mientras trabajamos en el proyecto tuvimos la sensación de que había una gran y influyente musica minimalista mucho antes de que el techno empezara. Entonces estuvimos entusiasmados por combinar la musica desde los pioneros de la electronica, con temas de los abuelos del minimal techno en una forma muy moderna. En la musica minimalista hay mucho espacio entre los sonidos y esos espacios te dan muchas oportunidades para una interpretacion propia.
The Grandfather Paradox es una teoria cientifica sobre los viajes en el tiempo y fue descrito por primera vez por el escritor de ciencia ficción Rene Barjavel en su libro “Le Voyageur Imprudent”. Tomamos sugerencias desde ahi dado que sentimos como que estuvieramos viajando hacia atras en el tiempo y manipulando musica vieja con los conocimientos modernos. El hecho de que hicimos todo esto con el merecido respeto a los originales nos deja bastante seguros de que los resultados estan trayendo algo nuevo e interesante a los viejos temas, transportando el pasado hacia aqui y ahora.”
Henrik Schwarz, Âme & Dixon
Tracklist.-
Ame, Dixon & Henrik Schwartz - The Grandfather Paradox: A Journey Through 50 Years of Minimalistic
MusicCD1: Mixed 01. Steve Reich & Pat Metheny - Electric Counterpoint - Fast (Movement 3) 02. Etienne Jaumet - Repeat After Me (Âme Mix) 03. Kenneth Bager - Fragment Eleven… The Day After Yesterday Pt.1 04. Liquid Liquid - Lock Groove (Out) 05. Cymande - For Baby Oh 06. Patrick Moraz - Metamorphoses 1st Movement (Live) 07. To Rococo Rot - Testfeld 08. Mathematics - Blue Water 09. I:Cube - Acid Tablet 10. Ø - Atomit 11. Conrad Schnitzler - Electrocon 11 12. Green Pickles feat. Billy Lo & M. Pittman - Feedback 13. La Funk Mob - Motor Bass Gets Phunked Up (Richie Hawtin’s Electrophunk Mix) 14. John Carpenter - The President Is Gone 15. Yusef Lateef - The Three Faces Of Bala 16. Robert Hood - Minus 17. Raymond Scott - Bass-Line Generator 18. Moondog - Invocation
Enlace:
http://rapidshare.com/files/210482525/Club_Magenta_2009_Presenta_The_Grandfather_Paradox__Henrik_Schwarz__Ame_And_Dixon_.mp3


Pues este año, este adalid del funk mas futurista, titulo que comparte junto a gente como su amigo, y eterno compañero, Prins Thomas o el sorprendente Alden Tyrell, ha vuelto a sorprendernos con una magna obra, un mini LP, que consta solo de tres temas, pero de larguísima y suntuosa duración, al estilo de los inacabables discos de Tangerine Dream y los grandes representantes del krautrock, sin olvidarnos, por supuesto, de esa maravilla que es el Autobahn de Kraftwerk.
Se trata de una bella obra llamada Where You Go I Go Too, que se mueve entre atmósferas cercanas al ambient paisajístico, y al sonido moroderniano, como bien retrata el primer tema, homónimo del LP, que nos recuerda enormemente a los trabajos del ilustre italo americano, creador de The Chase, pero con unos aires que parecen venir inspirados por los heraldos cósmicos alemanes, e incluso, con alguna reminiscencia al rock progresivo.
La escucha de este track, aun durando casi media hora, no supone una ardua tarea, mas bien al contrario, ya que nos encontramos ante una maravillosa retrospectiva de algunos de los mejores sonidos que ha dado la música, desde el etéreo sonido de Neu! hasta el increíble hedonismo de Moroder, pasando por las abluciones musicales de Future Sound Of London, la filosofía musical de Brian Eno, incluso en su época con Roxy Music, el toque blade runninano de Vangelis, y así seguiría, hasta el infinito y mas allá, que es hacía donde te transporta esta pieza, un tema que no deseas que acabe bajo ningún concepto.
El siguiente track, llamado Grand Ideas, no se queda atrás, siguiendo esa línea Moroderniana, pero dejando el lado mas krautrockero, para introducirse en el italo disco, facturando un sonido mucho mas cercano al high energy que a las guitarras siderales de Can o Neu!.
A pesar del carácter eminentemente sintético de la pieza, no podemos dejar de percibir un enorme toque épico y electrizante. De nuevo, durante toda la duración del track, las sensaciones que nos vienen a la mente y que se introducen bajo nuestra piel son indescriptibles, siguiendo la maravillosa estela marcada con el tema inicial.
Cierra la obra la bellísima The Long Way Home, mucho más introspectiva que los dos tracks anteriores, pero de una belleza increíble.
Durante el mas de cuarto de hora que dura el tema, no podemos dejar de pensar en los sonidos cercanos al post funk psicodélico, el sonido Philadelphia y, por supuesto, los sonidos Morodernianos mas evocadores, y, en esta ocasión, los heraldos cósmicos vuelven a tomar cierto protagonismo, regalándonos otra maravilla sonora que consigue volver a ponernos la piel de gallina, y con ganas de escuchar esta maravilla una y otra vez.
Con solo tres titánicos tracks, Lindstrom consigue ofrecernos un trabajo de una hermosura sin precedentes, una maravilla sónica como hacía mucho que no escuchábamos, sin dudas se hablará de esta obra por mucho tiempo. Si nada lo remedia, nos encontramos ante el firme candidato a copar la cima de los mejores discos del presente año.
Lindstrom - Where You Go I Go Too (Smalltown Supersound)
1.Lindstrom - Where You Go I Go Too
2.Lindstrom - Grand Ideas
3.Lindstrom - The Long Way Home
Aqui esta el enlace para que oigan esta magnífica placa:

Michael Nyman Las relaciones entre la música académica -también llamada culta o clásica- y la creación electrónica es un campo difícil de delimitar gracias a fronteras sonoras bastante porosas y límites imprecisos. Sin embargo, el lenguaje orquestal de instrumentos acústicos, plasmado en los pentagramas y el de las partituras digitales recreadas por computadoras, teclados y samplers parecen estar más cerca que nunca con una nueva generación de artistas inmersos en una sociedad del bienestar, del internet y de la globalización; y que tienen una cultura musical tan amplia que sus creaciones trascienden la electrónica. Compositores que intentan redefinir la belleza en la era del ordenador e investigan sin miedo alguno las fronteras del avant garde, la experimentación y el pop donde clicks, bleeps, glitches, sonidos sintetizados, cuerdas trémulas y pianos cristalinos colisionan en las composiciones de una serie de artistas que usan los instrumentos habituales de la música culta pero en un contexto de estudio donde se les adereza con un ambiente electrónico, esto con resultados a menudo más emotivos que vanguardistas. A diferencia del rock, quien siempre miró a la música culta con recelo y acuñaron el despectivo término “sinfónico” cuando se realizaba el censurable maridaje entre ambos mundos musicales, la electrónica muestra una afinidad, fascinación y cercanía hacia lo que los británicos denominan “modern classical” que no es otra cosa que la continuación de una larga tradición musical occidental sin elementos de la influencia afroamericana (jazz, soul, funk, disco, R&B). Artistas y sellos musicales que destacan en esta escena electrónica y neoclásica incluyen al atmosférico Miasmah, escudería noruega creada por Erik K. Skodvin que se considera asi misma como una “pequeña institución cultural que edita música para escenas y lugares” y representa creadores como el norteamericano Rafael Anton Irisarri, el francés Encre y el joven instrumentista Greg Haines; Nonclassical fue fundado por el compositor Gabriel Prokofiev en 2004 y este nieto del gran creador ruso de Pedro y el Lobo entre otras obras maestras dirige un sello clásico “alternativo” que reta las nociones de la música culta en las grabaciones del dúo Génia & John Richards y su propio grupo The Elysian Quartet, una mezcla de cuarteto de cuerdas y experimentación electrónica, que han editado incluso remixes; los sellos germanos City Centre Offices y Staubgold no solo editan electrónica de avanzada sino que cobijan a finos creadores limítrofes como Swod, Marsen Jules o Ekkehard Ehlers; los refinados británicos de Leaf, hogar del fabuloso nipón Susumu Yokota, la delicada francesa Colleen o el mexicano Murcof. Finalmente, el exitoso sello Type es el más reconocido de esta tendencia y fue creado por los británicos John Xela and Stefan Lewandowski después de encontrarse por casualidad en una discotienda, fichando artistas electrónicos que flirteaban abiertamente con lo clásico como Julien Neto, Ryan Teague, Deaf Center, los proyectos paralelos del artesano sonoro Keith Kennif –Helios y Golmund-. Machinefabriek, Midaircondo, Peter Broderick, Sylvain Chauveaud, Khonnor y The North Sea entre otros. A esto se suman innumerables músicos independientes como el misterioso pionero William Basinsky, el genial compositor alemán Max Richter, el emotivo cuarteto de Nueva York con nombre kafkiano, Gregor Samsa y los celestiales artistas islandeses Amina, Hilmar Orn Hilmarsson, Sigur Ros y Jóhann Jóhannsson.



Ruichi Sakamoto
Impresionismo y ambiente
La música electrónica nació contemporánea pero su historia no es lineal o coherente y se halla plagada de inflexiones a veces inexplicables. Se trata de una apasionante historia del progreso y la asimilación de la tecnología por parte del ser humano en su vida y en su arte. En el libro “The Ambient Century. From Mahler to trance” de Mark Prendergast (Bloomsbury 2000) se sitúa el auténtico comienzo de la música ambiental no en los impresionistas franceses como Claude Debussy o Erik Satie sino en el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Gustav Mahler. El libro ofrece además un concepto de música ambiental más amplio y libre de su desarrollo en un siglo de historia y destaca dos características esenciales: su capacidad para deconstruir las formas musicales de occidente e influenciar en la tecnología de grabación.
Sin embargo, la música limpia, concisa, melancólica y silenciosa del controvertido Erik Satie y sus Pieces Froides o las bellas, Gymnopedies constituyen un claro y muy citado precedente de las suaves texturas desarroladas por el ambient. Desde allí esta música de textura y atmósfera va pasando por ilustres antecedentes como John Cage, padre de la música aleatoria y creador de paisajes sonoros; Iannis Xenakis, arquitecto y compositor de una compleja música matemática; y el minimalismo de Steve Reich, Philip Glass, La Monte Young y otros artistas de esta escuela que preconiza la repetición constante –con ligeras variaciones- de estructuras musicales reducidas a lo mínimo. El minimalismo en su faceta más popular, como la creada por los británicos Michael Nyman y Gavin Bryars, impactó profundamente en el genio “renacentista” multidisciplinar de Brian Eno, quien convierte el estudio de grabación en un organismo creativo, al ser productor de artistas pop como Roxy Music, David Bowie, Talking Heads o U2; es además un prolífico compositor y creador del Ambient Music en 1975. Un año antes, Michael Nyman había escrito un libro de cabecera para toda esta historia, titulado “Música experimental: de John Cage en adelante”, un texto que codificaba los hallazgos del minimalismo y sienta las bases del presente ambiente neoclasico. El concepto de ambiente está asociado con las artes decorativas, lugares donde la gente se reúne (lounge), con el planeamiento de espacios urbanos y suburbanos, y en el ámbito del estudio de grabación lo que los ingenieros de sonido llaman ambiente es una dimensión espacial conferida al sonido con cierto grado de eco y reverberación. Cuando Brian Eno escogió el termino ambiente para definir sus calmadas composiciones de mediados de los años setenta –como la serie Ambientes entre 1978 y 1982 y su fundacional Música para aeropuertos- de seguro que tuvo en mente las ricas connotaciones de este término que implica colorear una atmósfera con un sentido de espacio y profundidad, y rodear al escucha con sonidos que a menudo se funden con el paisaje. Brian Eno definió su música como “una nube o un río; no cambia mucho pero nunca deja de cambiar y es tan ignorable como interesante”. Las texturas delicadas del ambient van evolucionando de forma subrepticia durante los primeros años ochenta en las composiciones de amigos y discípulos de Brian Eno que editan en el sello EG como Harold Budd, Michael Brook, Laraaji, John Hassell entre muchos otros. Diferentes aproximaciones van confluyendo en lo que hoy día conocemos como neo clasicismo electrónico, incluyendo la música incidental para películas y el retorno a la instrumentación acústica tras largas etapas de experimentación electrónica.
Paísajes cinemáticos
Las bandas sonoras de películas son la auténtica música clásica popular del siglo XX ya que los compositores para cine como el legendario Ennio Morricone, Nino Rota, John Williams, Hans Zimmer o Angelo Badalamenti transmiten el lenguaje tonal y armonías del impresionismo y otros movimientos clásicos pero rebajan su complejidad y así sustituyen a la música clásica en el imaginario del colectivo mayoritario, alienados afectiva y emocionalmente de los experimentos serialistas, dodecafónicos y experimentales que hacen de la música culta un coto cerrado para una elite especializada Para el autor español Javier Blánquez, compilador del libro “Loops, una historia de la música electrónica” aquí se halla un pilar de las actuales composiciones del neoclasicismo electrónico, ya que “compositores como Max Richter o Jóhann Jóhannsson se sirven de la electrónica únicamente para enriquecer unas partituras que andan a caballo entre la música fílmica de Mychael Nyman y el llamado minimalismo sacro de John Taverner, Henrik Gorécky y el idolatrado compositor estonio Arvo Pärt.” Uno de los artistas más interesantes del neoclasicismo, Keith Kenniff, ha firmado obras cruciales bajo el apolíneo nombre Helios y Golmund, trabajos que documentan la influencia de las bandas sonoras y el movimiento del rock “indie” en la nueva electrónica paisajística, al construir a partir de un puñado de notas de piano una sinfonía orgánica en constante evolución. El artesano sonoro de discos de ambient fílmico como Unomia (2004), Eingya (2006) y su reciente Ayres (2007) gusta de “películas lentas en las que no ocurre casi nada y cuando la música suena se puede de verdad escuchar. Y suele ser una música hermosa, sutil.”
Otro factor relevante es el creciente desinterés en la electrónica pura y el regreso al uso de instrumentos acústicos en todo tipo de grabaciones contemporáneas, desde el house “orgánico” de finales de los años noventa al pop electrónico de la variopinta e influyente hada islandesa Bjork, quien retoma elementos acústicos y se apoya en orquestas en discos como Homogenic (1997) Vespertine (2001) y Medulla (2004). La posterior llegada del movimiento “indietrónico” en los turbulentos inicios del nuevo milenio, con sellos de electrónica melancólica y pop de cámara como los germanos Morr Music, City Centre Offices, Karaoke Kalk o Payola, consolidan el retorno acústico y la sonoridad orquestal dentro de la creación electrónica gracias al genio de artistas como el danés Jonas Munk Jensen (Manual), el minimalismo del germano Jörg Follert (Wunder, Wechsel Garland), las melodías cinemáticas del belga Arne Van Petegem (Styrofoam) , la cristalina belleza ambiental de la dupla de Antony Ryan y Robin Saville (Isan) y muchas memorables composiciones de Arovane, Lali Puna, Herman & Kleine, Schneider TM, Max de Wardener y Solvent . Estos músicos y buena parte de los mencionados previamente comparten el gusto por el impresionismo, música ambiental, orquestas tonales y suntuosas, bandas sonoras, pianos resonantes y electrónica minimalista, creando una música plena de sentimiento, eclecticismo y grandeza.

